RIBA ROVIRA FRANCISCO 1913 2002
Estudia en la Escuela Superior de Bellas Artes de Barcelona, saliendo licenciado en composición en 1936.
Con el Gratacels participa en el I Salón d´IndeFendents, celebrado en Barcelona en 1936. Con la guerra civil española tiene que exilarse a Francia, donde a su vez es perseguido y encarcelado por la Gestapo, durante la ocupación alemana.Llega a París, donde decide instalarse para pintar, en 1944.
Conoce accidentalmente a Gertrude Stein, que, entusiasmada con él, presentará su primera exposición de la postguerra en la Galería Roquépine, de París, en 1945.
Le presenta también a Picasso y le introduce en el círculo de sus amistades. Expone de nuevo en París, en la propia Galería Roquépine en 1946 y 1947, y en la Galería Bernheim, en 1954, con gran aceptación de la crítica y éxito de ventas.
En 1955 expone individualmente en la Passedoit-Gallery, de Nueva York.
En 1962 lo hace en Cincinnati, en el Museum of Modern Art.
En 1951 participa en la Bienal de Mentor; en 1957, en el Salon de la Jeune Peinture y en el Salon d´Octobre, de París; en 1959, en la Deutsch - Ibero - Amerikanische, de Frankfort; de 1960 a 1965 participa en el Salon des Independents; de 1966 a 1969, en el Salon de I´Automne; en 1975, en el Salon des Surindependents, etc. Obras suyas figuran en diversos museos, entre otros, The Museum of Modern Art, de Nueva York. Cuenta Gertrude Stein que un día, en una de las pequeñas calles de su barrio parisiense, vio a un joven pintando. Charlaron y se enteró que el joven pintor era español, exilado, prisionero luego de la Gestapo... La descubridora de Matisse y Picasso (también la que supo valorar a Cézanne), se interesó por la obra de Riba-Rovira: "Le expliqué -cuenta ella- que para mí toda la pintura moderna está basada en lo que Cézanne no había conseguido hacer. Cuando no podía hacer una cosa la apartaba. Ha insistido en demostrar su incapacidad; ha expuesto su falta de éxito, y mostrar lo que no podía hacer resultó en él una obsesión. Los artistas influenciados por él estaban igualmente obsesionados por las cosas que no podían conseguir y comenzaron el sistema de camuflaje. Era natural e incluso inevitable hacerlo, y esto se convirtió pronto en un arte: Matisse ha camuflado y ha insistido al mismo tiempo en lo que Cézanne no pudo realizar, y Picasso ha camuflado, jugado y atormentado todas estas cosas...". El único que quiso insistir sobre el gran problema de Cézanne fue Juan Gris, pero fue una tarea demasiado dura para él y murió haciéndolo. "Y ahora, ha aquí que encuentro a un joven pintor que no sigue la tendencia de jugar con lo que Cézanne no podía hacer, pero que ataca directamente las cosas que había intentado hacer: crear los objetos que deben existir por sí mismos y no en relación con los demás. Por ello estoy fascinada. Este joven tiene habilidad y fuerza". Cézanne, en efecto, hizo autónomo el objeto pictórico,. pero no, como se ha creído, únicamente poro su racionalización geométrica, sino más bien a través de sola clave plástica: el color: "No hay más que un camino para conseguirlo todo, traducirlo todo: el color", que es, exactamente, lo que comprendió con claridad. Riba-Rovira, en su pintura, como ha observado Lo Duca, "la lección de Cézanne, o al menos sus hallazgos plásticos, pervive eficazmente". Hay, pues un lejano cubismo yacente en esta obra de austera organización y ardiente colorido, pero su cubismo que no se deja avasallar por la geometría, que hasta quiere someterla a un orden barroco y casi subrreal para así españolizarla del todo, fenómeno éste que puede localizarse también en muchos de nuestros primeros cubistas y neocubistas. Dice Petisné-Giresse que en muchas figuras de Riba-Rovira reencontramos un hieratismo evocador del Greco, y, "por el contrario, todo se anima en los paisajes. El todo está orquestado en una especie de ballet barroco. Los árboles, el agua del río participan en el concierto". Tal vez sea en los bodegones (pues bodegones suelen ser, más que naturalezas muertas) donde RibaRovira sensualiza más gravemente su cubismo esencial, dotado de un color jugoso y compacto, y tan musical siempre que si no fuera por la disciplina interior que rige cada cosa se convertirían en líricas representaciones escenográficas. Esta sugestión se hace acuciante en los paisajes, donde el color y un misterioso eros surreal consiguen desplazar el rigor de sus disposiciones geométricas. Una alegría contenida hincha las velas surreales de molinos y banderas, animándose el paisaje cubista con noticias fauves: carmines y azules sobre los macizos grises que se argentan en las tierras y en el vecino mar. Un acento personalísimo lo abstrae todo. La imaginación, al someterse a una experta disciplina, da lugar a una obra plena de singularidades.